FÍSICA INORGÁNICA


Ahora la duda, nuestro legítimo artificio,
el demoledor soplo que nos tiembla
y nos increpa.

El ascua que a duras luces certifica
que tanto como nos cuesta seguir quietos
nos dolerá recordar que lo estuvimos
cuando nos quede un paso para el suelo.
Y ahí el ansia.

Ahí la urgencia y la pregunta lanzada
siempre en contra de lo que no hicimos.

Como el fabuloso duelo de la carne
frente a nada.